Lo más curioso con respecto al Starbucks, es el hecho de que durante años yo no supiera de su existencia, ni un poquito, mientras que él se propagaba sigilosamente por toda la geografía mundial.
Recuerdo que la primera vez que empecé a tomar conciencia del "fenómeno Starbucks" fue viendo esa gran película llamada "Austin Powers 2. La espía que me achuchó". Realmente como película es un mojón, pero creo que es de las películas con las que más me he reído de toda mi vida. De hecho, muchas de las frases de la película han pasado a formar parte de la memoria colectiva de muchos amigos míos, y no puedo olvidar la cantidad de veces que me he reído con alguna frase tan subnormal como "Te voy a isengarrr", "La caída le matará, Powers" o "Frau, la veo tan... cerca". Bueno, a lo que iba: resulta que el Doctor Maligno es el dueño de Starbucks en la peli (recuérdese también aquella de "Tiene un poco de leche en la narrriz y el bigote"). El Doctor Maligno financiaba su imperio malvado con los cafés del Starbucks (algun parecido con la realidad es totalmente casual).
El estreno de Austin Powers 2 fue hace ya varios años, no recuerdo cuantos, pero lo importante es que no volví a saber nada del Starbucks hasta que en el verano del 2003 fuí con mi familia a Nueva York. Yo siempre he sido un poco fanático de los batidos helados (típico milk-shake de serie yankee) del McDonalds, y en Nueva York me tomé muuuuchos, porque aquí en España, no entiendo por qué, no los venden, cosa extraña porque la relación calidad-precio es de las mejores en cuanto a producto McDonalds se refiere.
Dió la casualidad de que un amigo mío, Ale Núñez, también estuvo en NY unos días cuando yo estuve allí, y me comentó que los batidos helados del Starbucks eran mejores que los del McDonalds. Primero fue la incredulidad, y luego la curiosidad. Cuando probé el primer Frappuccino (el nombre del batido helado del Starbucks) me gustó, pero creo que sigo prefiriendo los del McDonalds. Aún así, me tomé un par de ellos más en el tiempo que estuve allí, y ya no tuve contacto con Starbucks hasta el año siguiente.
En verano del 2004, durante un mes en USA tuve tiempo de ir al Starbucks en múltiples ocasiones. Durante ese tiempo, me fuí dando cuenta de que Starbucks mas que sus cafés (ya sean calientes o helados) realmente vendía la perfecta definición de un estilo de vida que se extiende por el mundo.
Se podrían diferenciar dos estilos de Starbucks: el primer tipo, que son muy pequeñitos que no llegan ni a tener siquiera mesas para sentarse, son de los que más hay. En NY puede haber más de mil Starbucks (lo digo un poco al voleo pero es muy probable), y de ellos la mayoría son pequeñitos, donde la gente entra, compra su café y se va. Se toman el café en la calle, de camino al trabajo, sin tiempo para poder pararse. El stress. El segundo tipo, es la antítesis del anterior. Son locales más amplios, con musiquita relajante, estilo jazz de principios de siglo XX, y en la mayoría hay unos sofás muy cómodos. Se respira un ambiente tranquilo, casi que un poco selecto (el precio no es uno de los puntos fuertes del Starbucks). Además, no está permitido fumar dentro del local, así que el aire parece limpio y despejado.

Dentro de la economía yankee, donde la seguridad social tiene el tamaño de un botón, Starbucks fue una empresa pionera en proveer de un servicio de seguridad social a sus empleados, por lo que se creó fama de empresa ética en comparación con sus competidores. También hacen propaganda de salvar la selva, de conservar la calidad tradicional del café... Yo no sé hasta que punto esto es cierto, y de hecho tengo mis dudas de que así lo sea, pero a lo que voy es al hecho de que Starbucks pretende ganarse a la gente por muchos medios. En mi caso concreto, sintiéndome conquistado por él, he de decir que no me voy al Starbucks por salvar la selva amazónica, sino porque me gusta el sitio.
En Estados Unidos, el Starbucks se asocia a la América urbana y cosmopolita, la de las grandes ciudades de las dos costas, la de los ejecutivos enchaquetados, los periodistas de investigación, los bohemios y artistas. De hecho, se comentaba que en noviembre del año pasado, cuando Kerry perdió las elecciones, con él las perdía la "América del Starbucks" frente a la América profunda, esa que a grandes rasgos se agrupa en torno a George W. Bush.
Sea como fuere, es notorio el hecho de que Starbucks ha comenzado a expandirse por la ciudad de Sevilla, existiendo ya uno en Nervión Plaza y otro junto a la Catedral. El tercer local se está abriendo junto al Rectorado, muy cerca del segundo, pero el hecho de que sea la zona de Sevilla con más guiris por kilómetro cuadrado asegura a los dueños que la afluencia seguirá siendo constante, a pesar de que haya dos. Bueno, me queda poco tiempo en Sevilla como para poder disfrutar del nuevo Starbucks, pero seguro que me da tiempo a ir aunque sea una vez a tomarme un Frappuccino de fresa, el nuevo, que es el mejor de todos los que han sacado.
Me despido por el momento, y esperaré cualquier crítica o comentario al respecto (Venga, jovencitos rojos, tenéis la oportunidad de masacrarme por apología de las grandes corporaciones, no lo desaprovechéis).